jueves, 5 de abril de 2012

Tribunal Templario


Desgraciadamente no todos los que se autodenominan Templarios merecen serlo, dado su escaso conocimiento de la verdadera historia del Temple y su espíritu. Tal vez sea éste el momento de crear un Ente y unas reglas que definan la realidad de Los Templarios del S. XXI.


Hace unos días publiqué en éste blog, una encuesta preguntando vuestra opinión sobre la necesidad de contar hoy en día con un Tribunal Templario. He retirado la encuesta porque creo más apropiado plantear mi propio parecer, y tras conocerlo, esperar vuestros comentarios.

Como expliqué en el titulo de la encuesta, tal vez no era el lugar mas indicado pra rello, hoy en día existen multitud de supuestas "Ordenes Templarias", orgullosas de ostentar tal título o demominación, pero en la mayoria de los casos no noherentes con su significado.


La verdad de la Orden del Temple se sustenta en su propio código, aprobado en 1o29 en Troyes al celebrarse el famoso Concilio que dio vida y regla a la Orden. Obstantar pues, el titulo de Orden Templaria y "miembro de la Orden Templaria", debe llevar implícito tanto el conocimiento como el reconocimiento del contenido


Por ejemplo algo muy importante en el Temple era su voto de pobreza, que a pesar de no seguir en la Edad Media y no vincular de la misma manera que en aquél tiempo a los miembros de la Orden, puede adaptarse y respetarse, (es una idea personal) sin cobrar cuotas ni "pagar" desplazamientos y que así cada miembro aunque viaje o trabaje para la Orden, sea consiciente que depende de su propia economia.

martes, 7 de febrero de 2012

Renuncio a mi ingreso en la "Militia Templi del Arcangel San Uriel"



El dia 6 de febrero de 2012, mediante correo electronico, dirigido al Comendador Templario D. Jordi Pau Caspe, RENUNCIÉ a la solicitud de ingreso, en la "Militia Templi del Arcangel San uriel", que le fuera enviada por mi, usando el mismo medio el dia 23 de marzo de 2011.

Las razones de dicha RENUNCIA las trataré en privado con la junta directiva de la "Militia"; puesto que hacen referencia a correspondencia personal que me fue remitida por parte de las personas implicadas, sin intervencion alguna de medio publico , garantizando con ello su privacidad.

viernes, 18 de noviembre de 2011

La espada: el ideal del guerrero


http://axxon.com.ar/rev/108/c-108Medieval.htm

Si por un lado la influencia del romanismo sirvió para mantener la unidad de la Europa medieval, el ideal del guerrero sirvió para mantener las identidades de cada región a salvo de intrusiones indeseables.

Tanto el Imperio Romano de Occidente como los pueblos bárbaros poseían un claro ideal que perduró con notable crudeza en la Edad Media: el ideal del guerrero.

Por un lado el Imperio Romano se había mantenido activo durante años gracias a, entre otras cosas, un aceitado sistema militar. El hombre romano había sido entrenado para la guerra.

La milicia romana era famosa por su orden y su talento. Sus directos antecesores culturales, los griegos, conservaban un alto aprecio por la labor bélica como ha quedado manifiesto en dos de sus obras más célebres: La Íliada y La Odisea. Años más tarde Roma asimilaría esta predisposición a la guerra y, al igual que sus antecesores, consideraría que una de las formas de alcanzar la gloria y la pervivencia en la historia dependería del valor en combate, como lo testimonia La Eneida de Virgilio.

Por otro lado los pueblos bárbaros, especialmente los celtas y los germanos, considerarían que el único medio para acceder a lo Sagrado sería a partir de la muerte en combate.

Ya en su Germania el historiador romano Tácito comenta la deshonra que implicaba para un germano huir del combate, en cuyo caso sería repudiado por todo el clan, incluidas las mujeres. Conocidas son las historias referidas al Valhalla o cielo germano al que sólo accedían, guiados por las valquirias —deidades femeninas guerreras—, los que habían demostrado valor en combate.

Esta idea va a ser la base del ideal guerrero tan característico de la Edad Media. Este ideal fue desarrollado y afianzado por el sistema económico reinante: el feudalismo.

La economía feudal se basaba el la protección militar del señor feudal, dueño de los campos y la tierra, hacia sus vasallos, los campesinos.

El campesino era "contratado" por el señor feudal, quien le asignaba una parcela de tierra que debía cultivar. Cuando llegaba el momento de la cosecha, el campesino debía entregarle al señor feudal un porcentaje de lo recolectado. A cambio de esto, el señor feudal le daba protección contra los ataques militares de otros señores feudales o de las tribus bárbaras.

Por lo tanto si el feudo era atacado, el señor feudal debía permitir a los campesinos refugiarse en su castillo y él debía encargarse de combatir al enemigo con su mesnada —pequeño ejército—.

Cada parte se comprometía a cumplir con lo pactado por medio de un contrato de vasallaje, cuyo contenido variaba según la zona en la que se realizaba. De más está decir que el principal perjudicado era siempre el vasallo, que debía someterse a una situación de esclavitud voluntaria ante en señor feudal que poseía, como se habrá observado anteriormente, el poder militar como para sofocar cualquier tipo de trifulcas, incluso las generadas por sus propios campesinos.

Todo el sistema feudal no hacia más que resaltar la figura del guerrero, entregándole el poder por sobre la gente de otra condición.

Existe, por lo tanto, un modo diferente al promulgado por el ideal del santo para acceder a lo Sagrado: el valor guerrero. Tanto los romanos como los bárbaros consideraban que la valentía en medio de la lucha era una forma de acercarse a Dios. De ahí que las armas tuvieran un valor tan especial dentro del ámbito medieval y que el valor guerrero fuera tan alabado y añorado como lo eran para el monje sus devociones.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Aimerico de Limoges. Publicada en Misterios y revelaciones templarias, de Alain Desgris



Señor Jesús, Cristo Santo, Padre Eterno y Dios Todopoderoso, sabio Creador, dispensador, benévolo administrador y amigo muy amado, piadoso y humilde Redentor, Salvador clemente y misericordioso, te ruego humildemente que me ilumines, me liberes y me guardes, junto con todos los hermanos del Temple y con tu pueblo cristiano, que tantos trastornos padece, ahora y en lo venidero»

(Extracto publicado por Santos Fuensanta en Facebook)

viernes, 24 de junio de 2011

Vestimenta y armadura de Los Templarios

Artículo extraído de: http://www.ordendeltemple.com/

La armadura de los Templarios, era muy ligera, comparada con las de la época, estaba orientada a conseguir una caballería ligera y una gran movilidad como infantería. La vestimenta, era muy completa y estaba preparada para soportar los rigores del frio y calor.
Aunque la vestimenta era buena, debemos tener en cuenta que no siempre era posible, que los caballeros templarios, procedentes de centro y norte de Europa, se adaptasen a las condiciones de extremo calor de los Santos Lugares, Egipto, Tánger o el Sur de la Península Ibérica.

El equipamiento templario que recibía un cabellero al profesar en la Orden consistía en:
  • 1 camisote
  • 1 calzones de hierro
  • 1 casco de hierro
  • 1 espada
  • 1 escudo
  • 1 maza turca
  • 1 lanza
  • 1 sobreveste
  • 1 chaqueta de armas
  • 3 cuchillos: daga, cuchillo para el pan y cuchillo de bolsillo
  • 1 gualdrapas
  • 2 pares de calzones
  • 1 cinturón pequeño
  • 1 chaleco con faldones por delante y detrás
  • 1 chaqueta de piel
  • 1 manto blanco de piel para las épocas de frio.
  • 1 manto de paño, para las épocas de calor.
  • ropa de cama
  • escudillas
  • calderos
  • cubiertos par el hermano y escudero
  • 1 bolsa forrajera para los caballos

sábado, 14 de mayo de 2011

La resistencia del Temple en Aragón y Cataluña

Artículo extraído de " La Ruta del Temple "

El 1 de diciembre de 1307, encontrándose el rey Jaime II en Valencia, envió órdenes a sus oficiales para que detuvieran a los templarios y los pusieran a disposición del inquisidor general Joan de Llotger. Fue precismente él quien acabó de presionar al rey Jaume II para que actuase contra los templarios; así pues, el rey tuvo siempre la coartada de que actuaba a petición del inquisidor general y no por inciativa propia.

El comendador provincial, Ximén de Lenda, se encontraba por entonces en Valencia, donde fue retenido por el rey. Automáticamente se pusieron en marcha una serie de mecanismos para no dejar a la orden sin posibilidad de actuación. Los templarios catalanes estaban reunidos en capítulo en Miravet desde finales de octubre; el lugarteniente de los templarios catalanes y comendador de Masdeu, fra Ramon de Saguàrdia fue quien asumió la difícil misión de dirigir y liderar la orden en un momento tan crítico. Miravet se convirtió en el centro neurálgico de las operaciones debido a una serie de circunstancias que se produjeron en el castillo:

  1. El comendador provincial (de la Corona de Aragón) había fijado su residencia oficial en este castillo desde finales del siglo XIII.
  2. El tesoro y archivos provinciales estaban custodiados en el castillo sede de la Corona de Aragón, el de Miravet.
  3. Su actuación estratégica sobre el río Ebro, importante vía de comunicación, y su inexpugnabilidad.
Fra Ramon de Saguàrdia se dirigió en dos cartas, conservadas actualmente, al rey Jaume II y a su mujer Blanca de Anjou, pidiéndoles que reconsiderasen la orden de detención y que liberasen al comendador provincial, Ximèn de Lenda. La respuesta del rey a Ramon de Saguàrdia del 13 de diciembre desde Alcira descarta su petición y justifica su actuación por motivos religiosos.

A principios de enero de 1308 el rey empezó una campaña de difamación contra la Orden, con lo cual esperaba incidir en la opinión de los obispos y prelados catalanes para que diesen el consentimiento eclesiástico a su actuación. El concilio celebrado en Tarragona podía haber sido un fracaso puesto que no todos creían cuanto se comentaba sobre los templarios. Pero la publicación de la bula papal Pastoralis Preeminentiae el 22 de diciembre, en la cual la Santa sede asumía la iniciativa de las acusaciones contra la Orden, hizo que el rey saliera airoso.

El 20 de enero Jaume II ordenó a Bernat Cespujades y a Guillem de Ceret que comunicasen a Ramon de Saguàrdia y a Berenguer de Sant Marçal, responsables de los castillos de Miravet y Ascó respectivamente, la determinación del rey y las citaciones del inquisidor general para su rendición, cosa que, evidentemente, no hicieron.

El 26 de enero Ramon de Saguàrdia volvió a remitir al rey una carta defendiendo la Orden y las acusaciones que pesaban sobre ella. Pero éste hizo caso omiso y el 13 de febrero ordenó a los anteriores emisarios el asedio general de Miravet.

En marzo, viendo el rey que no había tenido éxito en Miravet, envió a Pere de Vila-Rasa, doctor en leyes y juez, para convencerles de que un cambio de actitud beneficiaría su rendición; tampoco surgió efecto.

La capacidad de negociación de Ramon de Saguàrdia le condujo a proponer a Bernat Cespujades una serie de puntos para negociar una posible salida de la crisis, como, por ejemplo, la de entregarle una importante suma de dinero y enviar una persona de su confianza para que informase al Papa de la falsedad de las acusaciones contra la Orden. El 24 de abril, en una nueva carta dirigida a Jaume II, confirma la decisión por parte de los templarios de resistir el sitio.

El 29 de abril Jaume II autorizó a Guillem d'Anglesola para que se dirijiese a Miravet e intentar convencer a Ramon de Saguàrdia de su rendición (un hermano de Guillem residía en este castillo). Los resultados de la entrevista no cambiaron la actitud de los templarios.

En el mes de mayo, Jaume II envió a Pere de Queralt a Miravet para entrevistarse con el lugarteniente de los templarios catalanes. Este, junto con Fra Berenguer de Santjust (Comendador de Miravet), Fra Jaume d'Oluja (comendador de Granyena) y Fra Ramon d'Oliver (comendador de Zaragoza) le comunicaron que tan solo estaban dispuestos a obedecer lo que decía el Santo Padre, pero que, si se les acusaba de herejía, no la admitirían y que, incluso se defenderían de esta falsa acusación hasta la muerte si es necesario. El día 17 de mayo el rey conoció la desición irrevocable de los templarios.

En junio, Ramon de Canet, noble de Rosellón y sobrino de Ramon de Saguàrdia visitó a su tío en Miravet y escribió al rey explicándole que los templarios no estaban en contra de él sinó en conra de las falsas acusaciones de que eran objeto.

En julio el rey aceptó una entrevista con Jaume de Garrigans, quien actuó como delegado de Ramon de Saguàrdia. Jaume II, después de escuchar a sus consejeros, le expresó la negativa de negociar con los templarios y de admitir tan solo su rendición. El fracaso de las negociaciones de Jaume de Garrigans hizo que los templarios desconfiasen de él y le acusasen de traidor y de no saber negociar. Este cayó en desgracia, un triste final para una deserción anunciada. Esta circunstancia hizo que Garrigans, una noche, mientras hacía guardia en el castillo de Miravet, consiguiese huir con importantes documentos del archivo para enseñar al rey i, de paso, intentar ganarse el perdón de su anterior pasado templario. El rey no le escuchó, no se fió; a cambio, le aprisionó en Tortosa, con lo cual acabó totalmente olvidado y marginado; se perdió su rastro en 1309. La figura de Jaume de Garrigans no se valora justamente desde un principio, pues se ve como el malo de la historia.

A finales de verano de 1308 el rey decidió potenciar el sitio a los castillos donde aún residían los templarios, como Cantavella, Castellot o Villel, pero la moral y la pena de los sitiados hicieron el resto. El rey sabía que, al final, obtendría la vistoria, y no le importaba esperar el tiempo necesario; sabía que los castillos caerían uno a uno, hecho que jugaba a su favor. Concentraba sus esfuerzos en una fortaleza; cuando ésta cayera, iría a por otra, y así sucesivamente. A la caida de Castellot, a los templarios tan sólo les quedaban Miravet y Ascó en la Ribera d'Ebre y Monzón y Xalamera al Oeste.

Bernat de Llívia, que además de buen estratega era buen negociador, fue el encargado de los preparativos para intensificar el sitio en el castillo de Miravet: Los templarios estaban enfermos, sin agua y sin provisiones, y sabían que les quedaban muy pocas fortalezas en su poder.

Se formó una comisión negociadora dirigida por Ramon d'Oliver y Jaume d'Oluja, quienes, acompañados por Bernat de Llívia, se entrevistaron con Jaume II en Calatayud; allí le presentaron un documento, redactado por Ramon de Saguàrdia, en el cual figuraban unos puntos a tratar. El rey no aceptó todo el contenido del documento pero dejó entrever un cambio de actitud respecto a la manifestada hasta el momento. el rey se comprometió a pedir al Papa que los templarios fuesen tratados con misericordia en el proceso al cual se tuvieron que someter. aceptó que les fuera asignada una pensión segón el rango que tuvieran dentro de la orden i que, mientras se esperaba el juicio correspondiente, pudieran escoger el lugar de residencia desado. Tal vez, este cambio en la actitud del rey fuera debido a que sabía que los templarios no podían resistir mucho tiempo, que antes o después se tenían que rendir y que no era necesario irritar a una parte de la iglesia, si el sitio o las condiciones de rendición se endurecían demasiado.

A finales de noviembre, Berenguer de Santjust, Ramon d'Oliver y Jaume d'Oluja pensaba ya en rendirse. Pero Ramon de Saguàrdia aún conservaba una remota esperanza y se dirigió a la Santa Sede para informarla de que, con la rendición, el rey pretendía que los castillos y pertenencias templarias pasasen a la Corona. Ramon de Saguàrdia le comunicó que los templarios debían rendirsele a él y no al rey.

A principios de diciembre la suerte de los templarios ya estaba definida; el rey ya había aceptado algunos puntos de la rendición; el desánimo, las enfermedades y la actitud de rendición por parte de la mayoría de los templarios era definitiva. Ramon de Saguàrdia se dirigió al rey en una carta donde le pedía, entre otras cosas, que, por lo menos, respetase su honor. El rey le remitió una carta el 7 de diciembre desde Calatayud en la cual aceptaba la rendición y exponía que en todo “hemos hecho cumplir cuanto dice el Papa. Les trataremos benignamente”.

El día 12, Ramon de Saguàrdia puso fin a la resistencia templaria en Miravet y cedió el castillo a Bernat de Llíbia. Los oficiales del rey entraron en el castillo y detuvieron a los frailes , desarmándolos y registrándolos. El mismo día, los 22 templarios que se habían rendido fueron enviados a Tortosa donde, de momento, fueron encarcelados en el castillo de la Suda, quedando a disposición de Guillem de Ceret. Quedaron 6 personas en Miravet que no se rindieron.

Cuando los soldados entraron en el castillo se dirigieron a la Torre del Tesoro, donde se encontraba el archivo y documentos de la orden, así como dinero y otros objetos de valor histórico, como la lanza de Ramon Berenguer IV. Elaboraron una detallada relación de cuanto encontraron en la sala, con el fin de encontrar alguna pista que delatara los “abominables crímenes y faltas” por los cuales habían sido acusados.

En la madrugada del 14 de diciembre, Bernat de Llívia se dispuso a acabar con la resistencia de los 6 templarios que aún quedaban en el castillo. Ordenó colocar una escalera de madera en el patio de armas, delante de la estancia que abría al primer piso. Los soldados entraron sin resistencia y encontraron a Berenguer de Santjust y a sus dos sobrinos Ramon y Guillem; todos ellos fueron detenidos. Dentro de la iglesia románica, situada en la misma planta, delante del sobrio y austero altar tallado en piedra de una sola pieza, se encontraba Ramon de Saguàrdia, acompañado de dos de sus fieles ayudantes, Milà y Siscar, quienes no le abandonaron en estos momentos tan tristes. La detención de estos últimos prisioneros marcó el fin del sitio de Miravet.